Ojos de madres
El café está listo. La cafetera es la de siempre, como cuando estábamos
todos. Me durará varios días. Los de enfrente no están. Menos mal. Pusieron un
aire acondicionado en el patio que se nos come asados. Si alargo la mano, creo
que llego a tocarlo. El patio es pequeño. Un cuadrado de metros escasos, que se
alarga hacia arriba, hasta el tejado. El sexto piso. Mirar hacia abajo da
vértigo. Es tan estrecho, que el cerebro se divierte deformándomelo. El suelo
es de ladrillo rojo. Hay una escoba y una fregona. Un cubo. Trapos. También hay
trapos en el suelo. Se han caído de las cuerdas. Están todas vacías. Antes, la
ropa colgaba mojada de todos los pisos. Olía a jabón todo el día. Si no tenías
cuidado, podía incluso caérsete encima un chorro de agua, de la que dejaban
escurrirse al aire. Sábanas y manteles. Toallas. Ropa íntima. Algunas eran
enormes; impresionaban a cualquiera. Cada vez que algo se soltaba de las
cuerdas, corríamos al patio entusiasmados. Se entraba por el portal de al lado.
Por una ventana con escalones de cemento que subían por un lado y bajaban por
el otro. Había que hacerlo rápido. No podíamos distraernos. Saltábamos felices
sobre el ladrillo, desde la ventana, como si saltásemos a un mundo nuevo, y examinábamos
las vistas y los rincones, con ahínco y a toda prisa, hasta que la guardiana de
la llave volvía a hacer retumbar las paredes con su tan noble grito : ¡hale,
rápido, fuera; aquí no se juega, que os podéis hacer daño! Y salíamos pitando. A
veces, no hacía falta bajar al patio; porque “por suerte” (que no la nuestra, nosotros,
que éramos niños, queríamos bajar), lo que caía, cuando caía, se quedaba
enganchado en las cuerdas del de abajo, que nunca estaba. Y, entonces, (mucho
antes de que los nuevos pusiesen este horrible monstruo-roba-aliento), la
vecina de enfrente, la Benita, aparecía con su artilugio para pescar prendas; ella
misma lo había confeccionado. Había ojos por todos lados. Ojos vigilantes. Ojos
gentiles. Ojos de madres. Mi abuela se quedaba tranquila. Nos cuidaban la casa.
a la Benita,
mofred
poesía en movimiento
www.instagram.com/lafalfy
Comentarios
Publicar un comentario